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Comprar un jamón ibérico es una inversión en gastronomía, tradición y calidad. Pero para disfrutar de todas sus propiedades es fundamental conservarlo correctamente una vez que llega a casa.
Un buen jamón puede haber tardado años en alcanzar su punto perfecto de curación. Por eso, pequeños detalles como la temperatura, la ubicación o la forma de proteger la pieza pueden marcar la diferencia entre una gran experiencia gastronómica y una conservación inadecuada.
En esta guía de Lumar Foods e IBERICA9 te explicamos cómo conservar un jamón ibérico entero, una paleta o un formato loncheado para mantener su aroma, textura y sabor.
Cuando recibimos un jamón ibérico en casa, debemos observar la pieza antes de comenzar su consumo.
Es recomendable:
Un jamón ibérico es un producto vivo que continúa evolucionando incluso después de salir del secadero.
La ubicación es uno de los factores más importantes.
El lugar ideal debe ser:
Los cambios bruscos de temperatura pueden afectar a la evolución natural del producto.
Aunque depende de las condiciones del entorno, generalmente un jamón ibérico se conserva mejor en temperaturas moderadas.
Un ambiente demasiado caliente puede provocar:
Un ambiente demasiado frío puede dificultar que la grasa alcance su punto óptimo al consumirlo.
El jamón ibérico debe conservarse en unas condiciones que respeten su naturaleza.
No se puede entender el jamón ibérico sin hablar de la dehesa, un paisaje único formado por encinas, alcornoques y pastizales que se extiende por diferentes regiones de España.
La dehesa es mucho más que el lugar donde viven los cerdos ibéricos. Es un ecosistema sostenible en el que conviven ganadería, biodiversidad y aprovechamiento responsable de los recursos naturales.
Durante el otoño y el invierno, las encinas producen bellotas que se convierten en el alimento principal de los cerdos durante la montanera.
Esta alimentación, unida al ejercicio diario en amplias superficies, es uno de los elementos que hacen posible la extraordinaria calidad del jamón ibérico de bellota.
Cuando comenzamos un jamón, la zona expuesta necesita protección.
Una técnica tradicional consiste en conservar una parte de la grasa que hemos retirado al limpiar la pieza.
Después del corte:
La grasa actúa como una barrera natural que ayuda a conservar la humedad y proteger el jamón.
En general, una pieza completa de jamón ibérico no necesita refrigeración.
El frigorífico puede afectar negativamente a sus características:
Los jamones ibéricos están diseñados para conservarse en condiciones ambientales adecuadas gracias a su proceso de elaboración y curación.
La conservación de una paleta sigue principios similares al jamón.
Sin embargo, la paleta tiene algunas diferencias:
Por ello, una vez iniciada, conviene prestar especial atención a la protección de la zona de corte.
El jamón ibérico loncheado ofrece comodidad, pero también requiere unos cuidados adecuados.
Recomendaciones:
Seguir siempre las indicaciones del envase.
Para disfrutar plenamente del producto:
Un jamón demasiado frío no muestra todo su potencial.
La grasa del ibérico contiene gran parte de sus aromas y sensaciones.
Cuando alcanza una temperatura adecuada:
Por eso, los grandes expertos recomiendan no consumirlo directamente frío.
El jamón necesita respirar.
Un exceso de plástico puede favorecer acumulación de humedad.
La grasa protege la pieza y ayuda a conservar sus cualidades.
Cocinas cerca de hornos, radiadores o zonas con vapor no son lugares adecuados.
Lo ideal es cortar únicamente la cantidad que se va a consumir.
Así se mantienen mejor sus propiedades.
La duración depende de factores como:
Lo más importante es mantener siempre protegida la zona de corte y evitar que la pieza quede expuesta durante largos periodos.
Desde IBERICA9, y www.Lumarfoods.es, recomendamos tratar cada jamón como un producto especial.
Algunos consejos sencillos:
Un buen jamón ibérico es un producto para compartir y disfrutar.